El detalle que sólo dos personas notaron en la #MetGala

Desde que se anunció el tema de la gala para el 2018 del Metropolitan Museum of Art el año pasado, la palabra “controversia” se vió registrada en todas las notas y artículos relacionados. Pero curiosamente la alusión de controversia giraba en los tonos en los que se tocarían asuntos religiosos de la mano de la industria de la moda. Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination, el tema de este año, revuelve a la inspiración y nexo entre la moda y la religión católica junto con la narración que implican estos dos en vestimentas sagradas y alta costura.

Pero ¿de qué va la controversia? En su totalidad apunta a la profanación de ornamentos, vestimentas y liturgia. Sacrilegio. El uso de símbolos e imágenes en atuendos y superficialidades muy alejadas de lo divino y sagrado.

Ahora, hasta ahí es válido. Sin embargo, algo que resulta interesante es la invidencia ante la situación de magnificar a la iglesia católica en tiempos de Trump, en tiempos post-Harvey Weinstein, en tiempos de #MeToo y Time´s Up.

¿Porqué resulta más controversial ver a Rihanna con mitra papal que encubrir a un organismo que por años ha consentido abusos sexuales a menores de edad?

La industria de la moda ha sido desde siempre una congregación que acobija a minorías, particularmente a la comunidad LGBT, misma que la iglesia católica ha condenado desde su creación. Por eso resulta incongruente ver a diseñadores de moda, modelos y celebridades que han apoyado movimientos de inclusión y de discriminación estar tan dispuestos a reverenciar a esta institución religiosa.

Los movimientos #MeToo y Time´s Up creados a razón de combatir y concientizar sobre el acoso sexual y abusos por parte de entidades en situación de poder sobre individuos vulnerables, ha atraído a las celebridades a ser parte de una campaña y apuntar a sus antagonistas. Entonces, ¿no supondría que los padres y clérigo responsables de abusar a menores por años y alrededor de todo el mundo estar en la misma categoría de Donald Trump, y de Bill Cosby y de Kevin Spacey? ¿Qué los hace diferentes?

¿No todas las mujeres y celebridades que marcharon en Washington durante la Women´s March deberían levantar la voz contra la iglesia quien condena y ha influenciado gobiernos para evitar las leyes que protejan y permitan a las mujeres tener la decisión total sobre sus cuerpos?

De todos, solo dos fueron los asistentes al evento que hicieron del momento un acto de protesta y conversación que rompe con el beneplácito religioso. Lena Waithe, escritora y actriz quien usó una capa con la bandera gay diseñada por Wes Gordon para la marca Carolina Herrera y Phillip Picardi, editor de Conde Nast (host del evento), quien usó un vestido inspirado en un atuendo de monja diseñado por Charles Jeffrey. Picardi sobre ésto comentó en Instagram –“Me parece abrumadoramente irónico que mi primer #MetGala sea de temática católica. El catolicismo, una institución que se ha infiltrado en la cultura familiar y vida escolar y ha corrompido con un falso sentido de jerarquía moral forzándome a la sumición y vergüenza por años. Esta noche, ese mundo del que escapé y al que nunca volví colisionó con aquel en el que encontré refugio: la moda“.

Lo que revela el evento filantrópico más importante de la industria de la moda es que mientras se trate de seguir tendencias y aparezca un nuevo movimiento que parezca oportuno defender, siempre habrá un hashtag, una playera y una gorra que esconda y maquille la doble moral con la que viven todos nuestros ídolos y gente que admiramos.

 

 

I find it overwhelmingly ironic that the first #MetGala I would ever get invited to would be Catholic-themed. Catholicism, the institution that had seeped into my family culture and school life, and tainted all of it with a false sense of moral hierarchy — forcing me into submission and shame for years in (and out) of the closet. Tonight, that world I escaped and never looked back upon collided with the one in which I found refuge: Fashion. Walking through and examining the holy-inspired pieces by queer designers like Lacroix and Versace and Thom Browne, I saw very clearly that you can’t run away from your upbringing. Instead, you have to find a way to sew those foundational threads into the much larger tapestry of your life. (And hopefully, that tapestry becomes a gown by one of our most promising young queer designers, @_charlesjeffrey, that gives you THEME, honey!) May the Lordt be with all of you. ❤️🧡💛💚💙💜

A post shared by Phillip Picardi (@pfpicardi) on

No Comments Yet

Comments are closed